Escarbando en los suelos: comentarios y aproximaciones teóricas sobre la identidad cultural en La Rioja

La Rioja. Una provincia del NOA o de Cuyo, depende quién lo mire, donde existen Los Llanos ‒y ahí donde aparecen Los Llanos aparecen tópicos del desierto, la derrota, la pobreza‒ y un acervo cultural ligado a la región andina.

Entrando a la Capital, al costado de la ruta, un cartel advierte: “usted está ingresando a tierra federal”. Cerca de la terminal la vista se fija en un monumento inmenso: se erige en una rotonda, con buen porte y lanza al hombro, el Chacho Peñaloza. Telón de fondo: montañas y cielo casi sin nubes. Hay días en que la intensidad del sol de mediodía dura muchas más horas y se vuelve difícil abrir los ojos. Cuando se inicia un recorrido por la ciudad se puede notar que hay senderos a falta de veredas ‒las hay afectadas por las raíces de algún árbol, otras invadidas por escombros y maleza o bien inexistentes‒.

La infraestructura es de escenarios noventeros y edificios generalmente bajos por lo que se pueden ver las montañas desde casi cualquier punto de la ciudad. Los semáforos son desconcertantes y las motos, muchas.

Cerca de la universidad, el predio ferial descuidado aloja otro monumento de gran tamaño: el de Facundo Quiroga montado a su caballo; este sugiere una pose más feroz, a tono con la fama que Sarmiento le dio. Un poco más allá, en la avenida Ortiz de Ocampo, el monumento a Joaquín Víctor González, algo menos llamativo, con pose ya no de combate sino de intelectual.

Terrenos baldíos, mucho sol y poca arboleda. Si es febrero, chaya y perfume de carnaval: primero seduce el aroma fino de la albahaca y, más tarde, repugna cuando el engrudo de harina y agua empieza a heder en las tardes de calor. Ciudad de los naranjos y de todos los santos. Donde haya santos, algunos diablos habrá. Así se van conociendo historias del barrio, de la ciudad y de los políticos. Y si de políticos se trata, por supuesto que aparece Menem, quien mostró otro modo de ser riojano. Ya no el chayero solemne, poeta y cantor sino el de la ostentación material, de apellidos que ocupan espacios, de los lujos, de las polémicas televisadas. 

La literatura riojana existe. En las cátedras de literatura argentina de la UNLaR se dedica un espacio al estudio y reflexión en torno a autores riojanos tales como Gatica, Ferraro, Moyano, Marasso, entre otros[1]. Naturalmente, hay actividades de agrupaciones de artistas, grupos de lectura, talleres, que incentivan la circulación de autores pero también que suscitan el surgimiento de otros escritores. Circula el reproche de que los textos no son más que estéticas del pintoresquismo, paisajismo, costumbrismo y folclorismo. Más allá de estas demandas, hay lecturas y reflexiones teóricas en las aulas y fuera de ellas que conducen a poner en cuestionamiento el desdén hacia estas poéticas cuando se las lee con las etiquetas de las literaturas menores, de provincia o populares por redundar en los temas de la tradición del NOA.

Barcia[2] hace una importante diferenciación hacia la definición de lo regional, cuya construcción conceptual está desligada de la literatura de provincia y del regionalismo. El concepto de región conduce a retomar debates sobre “el interior” que, dicho sea de paso, se trata de un término basado en falacias designativas que arrasan con la diversidad de factores intervinientes en cada zona. Opera una fuerza que somete en homogéneas reducciones y limita aquellos matices enriquecedores. Entonces, la noción de provincia obedece a las delimitaciones políticas resultantes de los procesos que hicieron parte en la construcción y organización de la nación, sin embargo la región se condice con una escala que vulnera las fronteras del mapa y en todos los casos involucra contactos preexistentes a la formación de las provincias. Así, mientras la provincia existe en tanto límites, la región los desconoce. De esta manera la región no sólo es capaz de establecerse más allá de una provincia sino también más allá de los límites de una nación ‒y hay que advertir los contactos que permiten las redes sociales en la actualidad‒. A propósito, la denominación literatura provincial conlleva acepciones peyorativas relativas a la literatura menor, anticuada y conservadora, a una supuesta óptica limitada, que carece de visión de mundo.

En cambio, la región cultural se erige allí donde confluyen una serie de características y aspectos que acaban en unidad relativa, que será expresada en un estilo cultural. La diferenciación entre la literatura regional y la literatura regionalista viene a sacudir de preconceptos y juicios de valor estereotipantes. La literatura regionalista es aquella que evoca la región de manera enfática, es un modo del (anti)nacionalismo: “El regionalismo literario o la literatura regionalista suponen un grado de exasperación, un acentuar, por el sufijo, lo regional. Este apoyar el pedal del “ismo” puede llegar a la hipertrofia. La literatura regionalista es producto de un profesionalismo de lo regional. El regionalismo genera una literatura «regionalizada» por decisión del autor, limitada a la región, centrada en ella. Es programática y poéticamente consciente de que abunda –y su imperativo es abundar– en rasgos específicos, distintivos de la región”.[3] Esta obstinación por trasladar facciones distintivas de la zona, se enuncia desde dos acepciones: meiorativa y peiorativa; y, aunque opuestas, aluden a la misma realidad. Es decir, en tanto la primera la exalta con solemnidad, lealtad y compromiso, la segunda considera con actitud de desprecio y minimización.

Por otra parte, pensar en la literatura regional supone hacer saltar las valoraciones en tono positivo o negativo, que añaden enfáticamente la tradición o que animan a ignorarla voluntariamente. Pensar lo regional es a favor de una mirada integradora en la cultura y por lo mismo inclinada a mayor universalidad. “Es la literatura que se apoya en las materias regionales para encarnar la expresión personal del autor y proyectar una dimensión universal a los temas de la obra. Aplica el lema del Club de Roma: «pensar globalmente y actuar localmente». Es glocal. […] La región, para la literatura regional, no es un jergón para una siesta estética: es un trampolín hacia otras dimensiones. Es una ventana al mundo. No es aislacionista, es integradora”.[4]

Hubo ocasión en que Héctor David Gatica[5] fue invitado a participar en una actividad que organizó una cátedra de literatura argentina de la universidad y este declaró que al referir al oficio del hachero de Villa Nidia lo hacía con voluntad de referir a todos los hacheros. En otra ocasión, se entrevistó a artistas locales en unas jornadas de cultura regional, entre ellos estaba Gloria de la Vega[6] quien al referirse a sí misma como artista optó por una escala más allá de los límites geográficos y prefirió autodenominarse como una artista de la tierra. Así es que en el relato se esbozan proyectos que hacen del terruño un espacio para el impulso.

De cualquier modo y como en cualquier lugar, diferentes aspectos de la realidad posibilitan la diversidad en las culturas riojanas. Como se dijo, el cuestionamiento que comienza a hacerse es aquel que señala la predominancia de ciertas estéticas sobre otras y con ello suelen señalarse las premiaciones de concursos, la gestión de los espacios, el acompañamiento a ciertos artistas por sobre otros[7]. Y es que en verdad, lo que se pone en cuestión es el rol de ciertas instituciones académicas y del Estado al momento de forjar la identidad cultural. La pregunta es qué se pone en juego al momento decisivo de pensar en la riojanidad, una pregunta que traslado de la escena literaria salteña a la que se puede acceder mediante obras como Detrás de las imágenes de Daniel Medina. La novela de Medina cuenta una trama apocalíptica sobre una invasión zombi que se contrapone a los estereotipos de la salteñidad e incluso del NOA, por lo que logra, mediante recursos narrativos de la cinematografía, elementos del terror, la ciencia ficción y la parodia, un híbrido que pone en tensión este tipo de presuposiciones, contradicciones y cuestionamientos. La tendencia al folclorismo, paisajismo, costumbrismo, entre otros -ismos resulta cuestionable cuando posibilita una dinámica de mecenazgo entre el Estado y la cultura, que además es una oportunidad para la invitación turística la cual opera en los términos del espectáculo y la exhibición. Así el problema no sería que el costumbrismo constituya un modo naturalmente recurrente de la literatura riojana sino el único. Carece de mirada crítica tanto quien pretende reducir la cultura riojana a los ismos como también quien pretende negar la poética local existente.

Otro aspecto a señalar que tiene que ver con el rol del Estado es aquel que tiene por objetivo erigir una identidad cultural frente a la metrópolis, fortaleciendo estereotipos y exotismos hacia las regiones. Es verdad que lo propio ha de forjarse en el campo del otro, por lo que al momento de establecer categorías para pensar estos fenómenos resulta necesario aproximarse a algún puerto del punto medio.

Retomando el comentario de la novela, allí aparecen elementos opuestos que coexisten. Así como en el muerto viviente conviven dos cualidades supuestamente contradictorias, en La Rioja es posible reconocer el federalismo y su fuerza ligada al neoliberalismo con Menem en la portada. Escrutar esa realidad supone una experiencia al menos llamativa, que incomoda ya que dos valores muy distantes uno del otro empiezan a compenetrarse y a empapar la cultura. Los modos de lo riojano son los modos del folclore, del paisaje y de la tradición pero también los modos del barroquismo parecido a lo kitsch, del derroche noventero concentrado en el poder, de lo descomunal. La cuestión de la identidad cultural es un tema dado no sólo a las instituciones sino también a los propios artistas en tanto las prácticas en torno a la cultura que involucran un ejercicio intelectual de elaboraciones filosóficas, estéticas, disciplinares y políticas. Una integración de la diversidad de estilos presupone pensar en la cultura ya no como algo puro sino, por el contrario, contaminado de otras estéticas, con otras épocas y otros espacios; tal como lo tuiteó Horacio Warpola: “El arte necesita microbios, no antibióticos”[8].

En los subsuelos de este escenario, las culturas de La Rioja han caminado de manera silvestre estrechando distancias más allá de lo esperado. En lo que hace a los estudios literarios la misión de ordenar y sistematizar la literatura riojana está en marcha continua, lo que marca un sendero motivado por los ajustes en la mirada crítica para el abordaje del propio acervo cultural. Queda todavía escudriñar aquellas obras recientemente publicadas, en general, de manera independiente y autogestiva[9] (los modos de publicación son tópicos que también deben ser estudiados y atendidos con mayor profundidad). “En algún momento entenderán que/ yo pinto aunque nadie quiera apreciar/ yo bailo aunque nadie quiera bailar/ yo escribo aunque nadie quiera escuchar/ yo escarbo, sé que algo voy a encontrar/ yo existo porque nadie me podrá borrar”, rapea Ungruma en su canción “Yo existo” del disco Samples, versos y bicicletas[10], una canción que refleja la situación del hip hop local pero que desde las resignificaciones, recomposiciones y reinvenciones propias del género retrata las facciones de las culturas de La Rioja que se escabullen y sobreviven por debajo, más allá de los imperativos estereotipantes.


[1] Recientemente, participaron en la Feria del Libro de La Rioja integrantes del equipo de investigación de cultura regional de la carrera de Licenciatura en Letras de la UNLaR, allí se compartieron avances de investigación en torno a la obra de Héctor David Gatica, Ariel Ferraro y Arturo Marasso. Disponible en https://www.facebook.com/feriadellibrolr/videos/728956611025870

[2] Pedro Luis Barcia, “Hacia un concepto de la literatura regional”, en Literatura de las regiones argentinas, Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo, 2004, pp. 25-45.

[3] Ibídem, p. 39.

[4] Ibídem, p. 42.

[5] Gatica (Villa Nidia, La Rioja, 1935) es de los poetas con más renombre en la provincia y cuenta con una obra prolífica en poesía y ensayo. Su obra poética aborda temas de las costumbres y oficios locales, y refleja las vivencias de sus propios años. Es también conocido por su autoría en el ícono poético y musical que representa la Cantata Riojana (2001) ‒otro monumento‒ disponible en https://www.youtube.com/watch?v=0lGaAYGJQGI&ab_channel=FelipePinto%3AFolkloreyTangoArgentino

[6] Intérprete de música del género folclórico, tales como chayas, coplas, entre otros.

[7] Cabe mencionar también las presuposiciones que determinan que el folclore y los estilos tradicionales son asunto de las generaciones anteriores y que aquello que hace al arte contemporáneo es materia dada a las juventudes. Así, en La Rioja hay grupos de músicos jóvenes resignificando el acervo vernáculo como el dúo de Sisa Willka o Matías Ortiz Sosa, por nombrar algunos. Por otra parte, la obra del mismo Héctor David Gatica, aunque afincada en las vivencias y costumbres a su paso, presenta rasgos que se condicen con las rupturas que operan en las poéticas contemporáneas, más rizomáticas e inquietantes en sus formas.

[8] Horacio Warpola es artista mexicano reconocido en la innovación sobre poesía electrónica, autor, entre otros, de los libros Lago Corea, Física de camaleones, METADRONES, Triste suerte de los peces voladores, 300 versos para la construcción de un protocyborg orgánico, Carcass. Un libro para instagram stories y La incertidumbre cuántica. Tuit disponible en   https://twitter.com/HWarpola/status/1220522963411390465.

[9] Hay que observar que la autopublicación es de larga data en la provincia (al escarbar en las bibliotecas se puede encontrar una serie de plaquetas del siglo anterior y también hay que mencionar las ediciones artesanales de Pancho Cabral bajo una editorial ¿ficticia? Llamada Resolana ediciones) y en los últimos años ‒aunque hay una Ley del Libro‒ el fanzine y las plaquetas se han convertido en un modo de mantener en circulación obras, comentarios y críticas sobre el estado de la cultura. Así empiezan a circular nombres en publicaciones artesanales como los fanzine-objetos de Jimena Vera Psaró, Adriana Petrigliano o el trabajo que está realizando Estantigua con poetas locales. Ahora, en contexto pandémico la vía digital cobró más relevancia y así surgen proyectos, plaquetas y poemarios digitales o asentados en diversas plataformas, como es el caso de Anima Fugitiva, entre otros.

[10] Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=1R91BrdWtF8&t=357s&ab_channel=Ungruma


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