Películas románticas…

…y vivieron felices. Pero se comenta por el barrio que sólo comieron lombrices, ya que las perdices son aves demasiado caras para el placer culinario de la gente ordinaria. Más aún, cuando todo el mundo sabe que él tiene como única profesión la inevitable obligación de acariciar timbres solitarios en siestas sofocantes de pesadas, y ella solo trabaja como probadora oficial de hamacas oxidadas en plazas olvidadas de la gracia divina del creador.

Ustedes podrán detectar si estoy en modo levante por dos características principales que, aunque las reconozco, no las puedo evitar. La primera es arreglar mi aspecto como si de la segunda venida de Jebus se tratara. Mis amigos sabrán reconocer la diferencia ya que no pueden esquivar mi imitación diaria de mendigo postapocalíptico. La segunda característica, y que de paso me sirve de introducción para mi siguiente exposición: es que si la fémina en cuestión me pregunta cuál es la película romántica a la que recurro cuando estoy descorazonado por una ruptura amorosa, nos miento que es Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004), o (500) Days of Summer (2009) para parecer inteligente; ya que me es dificultoso en las citas que tengo, llevar la pipa y las coderas cosidas en el jersey sin demostrar cierto atisbo de pretenciosa soberbia.

Si la aplicación de citas y las musas me han favorecido con una mujer sapiosexual a la cual le brillan los ojos después de mi respuesta, y luego de chocar los cinco con mi amigo imaginario por mi pronta revolcada intelectual, empiezo a explicarle los puntos por lo cuales estas dos películas me parecen un antes y un después en el ámbito de las películas románticas:

Hay que aclarar que el campo de estas películas nunca fue muy profundo o complejo. Es una fórmula que viene desde el comienzo mismo de nuestra evolución humana, pero como no me quiero poner antropológico y considero esto como una cita (me bañe y todo) solo voy a mencionar que la fórmula romántica (chique conoce chique, se enamoran, su amor se pone a prueba, su amor triunfa) está presente en casi todas los films, no importa si la intención es esa o no. El amor vende, y Hollywood nunca dejó de explotar el sueño por antonomasia de todo ser humano occidental: enamorarse, sufrir por amor y vencer por amor. Por lo cual hay literalmente miles de películas románticas con la misma estructura donde solo cambian los actores y situaciones. Y en este conjunto debe haber decenas que tienen algún leve cambio que las hace “especiales”. Por ejemplo, las películas románticas con finales tristes, ya sea por un amor imposible o porque uno muere al final y el amor es eterno (porque la muerte tiene la ventaja de dejarte en pausa para siempre) y todos lloramos por tan trágico final y pensamos que esa peli es genial, aunque esas fórmulas también están repetida hasta el hartazgo.

Aquí suelo mencionar dos películas que a mi parecer representan el final feliz y el final triste. The Notebook (2004) de la cual no voy a decir mucho más que: me parece bastante tóxica la relación de los personajes (por supuesto viéndolo desde la omnipotencia de mi actualidad). Y Blue Valentine (2010) que tiene un final durísimo por lo real y palpable; porque no hay nada más trágico que muera el amor sin que ninguno de sus participantes también lo haga, ya lo sostenía Sabina cuando decía “porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren” (toxic alert).

Entonces, como no se puede crear nada nuevo sobre las películas románticas, por su avejentada fórmula, a los inventores de historias se le vino a la cabeza la secuencia final de The Graduate (1967):

Escena de The Graduate (1967)

El amor triunfa a pesar de todas las dificultades y la amada decide escapar con su héroe y salvador de una vida rutinaria y sin sentido. O sea, luego de “EL FINAL FELIZ”, hay que seguir viviendo y no somos personajes de una historia que termina con el “vivieron felices para siempre”. Somos humanos con miserias y miedos. Disney les mintió a las niñas en esto, como el porno les mintió a los niños en lo mismo. El amor no se encuentra en ninguna de estas dos situaciones; incluso la película Love (2015) de Gaspar Noé es una muestra de esto. Les niñes que no conozcan o no se pregunten la diferencia entre la vida real y lo que les muestran sus maestros de vidas (Disney o Mia Khalifa) van a repetir estos patrones hasta el infinito. (Por suerte mi maestro de vida fueron Los Simpsons, por lo cual, lo único que sé es: que no hay que pintar cercas si los bizcochos que te dan a cambio están rancios).

Y aquí es donde entra Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004) que básicamente se pregunta qué hay después del amor, y lo cuenta de una manera magistral, lo que me lleva a confirmar que no importa tanto la historia que se cuenta sino la forma de contarla. Gondry, su director, y el guionista Charlie Kaufmann (la estrella polar que me guía en la oscuridad de la vida) construyen una película espléndida que al principio parece complicada de seguir por sus saltos temporales y espaciales, pero que si nos guiamos por los colores del pelo de Clementine (que tienen significado según la etapa de la relación), deja de ser un problema para ser un disfrute. Esta historia tiene esas particularidades que la hacen original y que personalmente me enamoran, como una máquina para borrar selectivamente la memoria (“Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón” diría Borges y repetiría yo a la mujer de la cita para ver si logro conmoverla), y que permiten que la historia se traslade a la mente de nuestro protagonista donde todo se vuelve onírico, extraño y hermoso. Mientras nuestro protagonista trata de ocultar a Clementine en diferentes recuerdos propios para no tener que olvidarla. Porque ¿quién quiere olvidar a un personaje como Clementine? Un concepto arquetípico de personaje femenino de película de amor muy de nuestro tiempo pero ya demasiado usado. La Manic Pixie Dream Girl, la chica rarita y hermosa, decidida y libre del yugo de la sociedad, siempre positiva, siempre sonriente que sirve como sostén emocional para el personaje masculino, oscuro, tímido y retraído (Si Dante hubiera sido guionista y la Divina Comedia una película pochoclera, Beatriz sería su Manic Pixie Dream Girl).

Y aquí es donde comienzo a hablar de (500) Days of Summer (2009) que tiene muchos puntos en común con la película de Gondry, el principal lo nombraré más adelante pero por ahora puedo mencionar que comparten la historia de desamor o qué hay después del amor, así como su historia contada de manera no lineal (como si se el protagonista se la contara a algún amigo) y el empleo de los colores para mostrar las etapas del amor, ya que nuestro personaje masculino, a medida que se acerca al corazón de Summer, comienza a rodearse de colores cálidos con la preeminencia del azul (color de ojos de la protagonista) que lo invaden todo hasta el amargo final, donde los colores mueren en un blanco y negro para volver con unos más sobrios y serios. De esta peli, que es notable en muchos aspectos, solo mencionaré dos. Primero no puedo dejar de aconsejar a todos los idealistas empedernidos la escena de expectativa/realidad que nuestro héroe tiene en el desarrollo de su fallida reconciliación. Escena a proyectar en cualquier terapia psicológica con pacientes que sufran de ansiedad. Segundo, y lo que hace especial a esta película, la deconstrucción del arquetipo de la Manic Pixie Dream Girl, Clementine en el film de Gondry dice: “Muchos chicos creen que soy un concepto, o que los complemento, o que los salvaré. Pero solo soy una chica jodida que busca su tranquilidad”. Summer hace esta queja realidad. Esta historia se trata de eso. De cómo el personaje masculino se tiene que enfrentar a que Summer no es un personaje de película romántica que inevitablemente se va a enamorar de él porque comparten cosas y él es bueno (ya lo dijo Bruce Lee: esperar que la vida te trate bien por ser buena persona es como esperar que un tigre no te ataque por ser vegetariano”). Es una mujer con decisiones propias y un pasado individual que la define en su presente al igual que al personaje masculino. Por fin los dos personajes son iguales y pares, con temores y errores que les dan profundidad y les otorga ese tinte de realidad, que uno agradece ya no solo encontrar en mamotretos literarios de autores rusos del siglo XIX. Summer ahora es una fémina que se libera de la opresión estructural de su guionista y decide por ella y -¡oh qué casualidad!- libera y hace evolucionar al personaje masculino como consecuencia. Particularidad que, pienso, el feminismo logrará en algún momento.

Si mi cita hasta este momento no se levantó para “ir al baño” y huir en un remis salvador que la aleje de mi verborragia hedonista. Podría cerrar lo expuesto mencionando que lo principal que comparten estas dos películas y que, en la actualidad puede considerarse un fallo, es la perspectiva masculina de la historia. Porque los dos films se cuentan a través de las perspectivas de los hombres y nunca se alejan de ese lugar. Pero esto es algo bueno porque nos abre un terreno que recién comienza a ser explorado, donde la historia transcurre desde la perspectiva femenina de la relación. Aquí puedo mencionar películas como Je ne suis pas un homme facile (2018) o How to be single (2016). La originalidad de estas películas se encuentran en la perspectiva que adoptan, por lo cual se les perdona la estructura clásica y típica de las historias de amor. Tengo la esperanza de que cuando la visión femenina ya no pueda escudarse en su originalidad vamos a tener films escritos maravillosamente y relatado por mujeres que priorizarán la forma de contar y mostrar historias de amor, dándonos otro respiro en este género tan sobrescrito.

Si mi exposición tiene éxito y la fémina, por la cual me bañé, premia mi maquinaria cerebral aportando su punto de vista y experiencia, a la vez que suma películas, escenas u opiniones, puedo llegar a pensar en algún momento revelarle cuál es mi película romántica favorita.

Ahora si las cosas no salen como hubiese querido les recodaría a mis lectores: The Bridges of Madison County (1995), para que me acompañen en la tristeza de saber que ni siquiera en la vejez uno se escapa de la trágica condición del ser humano, y que el amor es algo tan complejo y arbitrario que ni estando cerca de la tumba uno se escapa de ser protagonista de una historia de amor.


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