«Remota Cercanía» de Ariel y Marcelo Martino

En Octubre de 2019, antes que presentaran su libro Remota cercanía, en el III Festival Intergaláctico de Escritores -Oficial- (FIDEO), tuve la oportunidad de realizar una mini entrevista a Marcelo y Ariel Martino vía mail; por aquel entonces los primos no se conocían personalmente y a pesar de ello ya habían dado forma a un poemario en conjunto.

Presentación de Remota Cercanía en el FIDEO III (2019) – Foto cortesía Zaida Kassab

Ariel nació en Famaillá en 1961, vivió allí hasta el ‘67, año en que se trasladó a Buenos Aires, lugar donde reside hasta hoy. Se dedica a la cerámica, la pintura, la música y la poesía. “Vivo en un lugar semirural, muy parecido a lo que eran las afueras de mi pueblo en los ‘60. Hice la carrera de Bellas Artes e integré alguna que otra banda de rock. En la adolescencia tuve la fortuna de conocer al gran poeta Raúl Gustavo Aguirre y a Alberto Girri, cada tanto les mostraba mis cosas”


Marcelo por su parte, nació en 1972, también en Famaillá, vivió allí un tiempo hasta que se mudó con su familia a San Miguel de Tucumán. “De mi primera niñez famaillense guardo recuerdos borrosos: una calle de tierra en verano, a la siesta; un oscuro velorio; un desfile por las calles de la ciudad con mis compañerxs de jardín de infantes, con regadera y carretillas; la amplia casa de mi abuela. Después, por supuesto, volví frecuentemente a Famaillá, en ocasión de las fiestas de fin de año y a visitar a tíes y primes. De esa época tengo recuerdos más claros: la biblioteca siempre abierta de mi prima letrada Susana, el clericó de Nochebuena, el tordo domesticado de mi tío Julio…” Actualmente, se dedica a la docencia en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán y a la investigación como miembro del CONICET. En lo que respecta a la labor creativa, este sería su primer libro. Antes, publicó poemas sueltos en alguna revista y participó de concursos, donde obtuvo algunas menciones y premios.

Ariel y Marcelo Martino – Foto cortesía Zaida Kassab
Me pareció llamativo saber que no se conocían (o no se conocen aún en persona) Corríjanme si me equivoco. Me gustaría conocer esa historia.

M: En efecto, con Ariel no nos conocíamos, ni conocemos todavía. En mi álbum personal familiar, del lado de mi papá, hay varias lagunas y huecos, que responden a motivos diversos. Hay muchxs primes y tíes que nunca conocí ni conoceré, otrxs de los que sólo conservo un apodo. A Ariel, que vive en Buenos Aires desde hace muchos muchos años, lo conocí en Facebook, donde él publicaba regularmente textos suyos.
A: Marcelo afirma enfáticamente que no nos conocemos pero yo afirmo lo contrario, nos conocemos, lo tuve alguna vez en upa, tenía zapatos de charol blanco y medias al tono,  fuimos a un lugar que había en la ciudad que se llamaba Hollywood Park, sencillamente no lo recuerda, eso es todo,  nuestros padres son hermanos.

¿Cómo surge la idea de publicar «Remota cercanía»? ¿Qué significa el título para ustedes?

A: La idea de armar este libro nació a partir de reencontrarnos a través de Facebook, descubrimos que teníamos muchas cosas en común además del amor por las palabras, para mí es muy fuerte porque se mezcla el mensaje de la sangre, el pasado familiar con el presente de caminos vitales similares. Yo lo admiro mucho, un día me llegó por correo un libro suyo: ¿He representado bien la farsa de la vida?, sobre lo que sería el concepto moral en la época de Octavio Augusto, ese título es maravilloso, yo lo siento una especie de mantra.
El título Remota Cercanía se le ocurrió a Marcelo y para mí es perfecto,  describe nuestra lejanía física y nuestra cercanía interior, es poesía pura.
M: Espero que Ariel cuente esto de una manera similar. De lo contrario, vamos a parecer esos matrimonios que van a programas de juego, donde les hacen preguntas por separado sobre el/la compañera/o y su vida en común, y responden cosas totalmente divergentes. Un día me topé con los poemas de Ariel en Facebook y empecé a leerlos. Me gustaron, comenté sus publicaciones, y comenzamos a escribirnos. En un momento del intercambio epistolar con mi primo, como yo también tenía varios poemas escritos a lo largo de los años, le propuse hacer un libro juntos. Él me mandó por mp una selección de sus poemas, para que oficiara de una suerte de curador. Yo le mandé algunas de mis cosas. Le gustaron. Después de barajar una serie de posibilidades editoriales, armé un archivo con el material de ambos y lo envié a Ediciones del Dock, como para probar suerte, donde aceptaron publicarlo. Una vez que fue aprobado, le escribí a Fernando Bogado, cuyo libro Jazmín Paraguayo me había fascinado, para preguntarle si le interesaba escribir el prólogo. Y así fue, afortunadamente. Mi esposa Ana estuvo apoyando siempre el proceso, incluso antes de que tuviera forma, más de veinte años atrás, cuando noviábamos en la facultad.
El título, Remota cercanía, con su oxímoron, expresa el hecho de ser parientes, nacidos en el mismo lugar y de no conocernos personalmente. También remite a esa ¿ilusión? de cercanía que dan las redes sociales. Estamos tan lejos que podemos abrazarnos, y tan cerca que apenas nos conocemos. Esa sería más o menos la idea. Naturalmente, esto no está explicitado en el libro, y, por lo tanto, cada unx puede darle la interpretación que quiera, más relacionada tal vez con el contenido de los textos.

¿Cómo vivió cada uno el proceso creativo del libro? ¿Se sienten influenciados por alguna corriente en particular? ¿Tienen autores predilectos? ¿Qué eligen a la hora de leer o escribir en el día a día? ¿Manejan algún tipo de rutina o mecanismo a la hora de escribir?

A: Respecto al proceso creativo del libro, pienso que no lo hubo, al menos no escribimos cosas «para el libro»,  hubo una selección del material que cada uno tenía ya escrito y lo fuimos poniendo a consideración del otro para observaciones, retoques de la forma ensamble de las partes, etc.
Respecto a las influencias  tal vez los poetas chinos de la Dinastía
Tang, el surrealismo y los minimalistas norteamericanos. Cuando era chico me volvía loco Alberto Girri, su hermetismo, la forma cerrada, en fin, creo que sigue siendo uno de los mejores de aquí.
Hoy en día me gusta casi todo aquello con lo que puedo hacer
contacto, sean autores conocidos o gente que sube sus cosas a facebook.
Escribo casi todos los días por la noche, cuando termino de trabajar. Siempre escucho música, con auriculares. Mis amigos predilectos son Cocteau Twins y el rapero Wiz Kalifa, recorro la obra de esa gente casi exclusivamente para escribir. Es una especie de rutina que
tengo.
M: Viví el proceso creativo del libro con mucha ansiedad y emoción. El año de publicación, 2018, y el anterior, fueron muy complicados e intensos, atravesados por una serie de circunstancias angustiantes, como ser situaciones de violencia laboral, que derivaron en una denuncia presentada contra mi actual ex-jefa. Pero también hubo sucesos lindos, como el embarazo de Ana y el nacimiento de nuestra pequeña, Alma. Esos eventos, naturalmente, influyeron en el armado del libro, lo acompañaron, sea de manera turbulenta o cariñosa.
Podría decirse que no tengo rutinas ni mecanismos a la hora de escribir. Generalmente se me ocurre un verso o una imagen que funciona como disparador de un texto y de las ganas de sentarme a escribirlo. Antes de pasarlo al papel, lo dibujo mentalmente hasta el cansancio, hasta saberlo prácticamente de memoria. 
Con respecto al proceso de escritura de mis poemas, tiene distintas etapas. Si bien hay algunos textos recientes (como el poema motivado por la llegada de Alma), la mayoría fueron escritos cuando tenía entre 19 y 25 años. Los poemas fueron rumiados, revisados y corregidos a lo largo de los años, y encontraron con el correr del tiempo epígrafes, que no habían nacido con ellos. En los poemas y en estos epígrafes se pueden leer algunas de las lecturas que me marcaron: Camus, José Hernández, César Vallejo, Oliverio Girondo, Osvaldo Fasolo, el Kaddish de Allen Ginsberg, Mario Benedetti… Más allá de estas influencias, leo bien variado: Stephen King, Neil Gaiman, Cormac McCarthy, Cheever, algo de historieta tucumana (los fanzines y revistas de Apofis y La marca de Caín), escritores argentines clásiques o recientes (Fogwill, Di Benedetto, Falco, Ronsino, Elena Anníbali), poetas y narradores tucumanes jóvenes (Zaida Kassab, Blas Rivadeneira, Daniel Ocaranza, Marco Rossi, María José Bovi, Luciana García Barraza).

Por último, no he podido dejar de notar algo que se repite constantemente en ambos poemarios y es el tópico de «la muerte». ¿Esto se dio de manera casual o estaba orientado en esa dirección desde un principio?

M: En realidad, las coincidencias entre los poemarios son precisamente eso: coincidencias. Ariel diría (creo) que es porque tenemos la misma sangre, y que un vínculo atávico, secreto, los atraviesa como corriente subterránea, que se plasma en tópicos comunes y repetidos. Tal vez tenga razón (o tal vez él ni siquiera diga esto, y sea una cosa mía). Lo verificable es que Ariel no conocía mis textos cuando escribía los suyos, y yo no conocía los suyos al componer los míos. Tal vez en la selección de los textos a publicar hubo una orientación inconsciente hacia el lado de lo lúgubre, o melancólico o nostálgico. Tal vez sólo sea porque el tono existencialista, melancólico y algo lúgubre (como de parque de diversiones abandonado o estación de tren de pueblo) sea otra de las cercanías que nos alejan.

Ariel y Marcelo leen sus poemas en la presentación de Remota Cercanía – Foto Cortesía Zaida Kassab

*El libro puede conseguirse en Tucumán en Libro de Oro (Corrientes 532) y en algunas librerías de Buenos Aires (Librería Norte, Hernández)

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