Salón Nacional de Artes Visuales Tucumán: Entre lo fragmentario, las redes sociales y la re invención de lo cotidiano como hecho social

A fines de noviembre se inauguró la primera edición virtual del Salón Nacional de Artes Visuales de Tucumán. Sorprendió por su capacidad de convocatoria, producciones variadas y los nuevos soportes digitales.

La 48º entrega el Salón Nacional de Tucumán contó con participantes de diferentes partes del país. De entre los cuarenta y siete seleccionados de este año, el primer premio fue para el artista bonaerense Estanislao Ventura Florido con su obra Monumentos Metafísicos, y el segundo premio para la Tucumana Gabriela Abram con Horror Vacui. Además, este año, se entregaron catorce menciones, una Mención especial a la Video Performance de Rodrigo Alcón Quintanilla, y un premio voto del público otorgado a la artista María Emilia Hendreich de Buenos Aires. La selección y premiación de las obras estuvo a cargo de Mané Guantay (Tucumán), Laura Valdivieso Pérez (Mendoza) y Eduardo Stupia (Buenos Aires). Los tucumanos que estuvieron seleccionados en esta edición fueron Verónica Carolina Galván, Gustavo Nieto, Adrián Sosa, Marcelo Iván Juárez, Damián Esteban Díaz, Lautaro Sotelo, Luis Ángel Augusto Salinas, Rosalba Mirabella, Sandro Pereyra, Jerónimo Salvatierra Rasguido, Paulo Gabriel Burgos, Diego Aráoz, María Constanza González, de los cuales muchos recibieron una mención y un estímulo económico de 20.000 pesos para alentar sus producciones.

Las propuestas que pudieron apreciarse este año estuvieron marcadas por una fuerte presencia de la fotografía y la video instalación, pero con características específicas que iban desde el recurso del fragmento, desde lo encontrado (el objet trouvé, el ready-made), ya sea en texturas y formas, así como el recorte y su intervención digital. Ejemplo de ello es la obra de Alejandro López en sus paisajes, una serie de fotografías de bolsas halladas en la calle y modificadas digitalmente, que puestas en diálogo genera ritmos, secuencias, para crear un mensaje sobre la paulatina destrucción que el hombre hace de la naturaleza. Asimismo, continuando en esta línea de variaciones de una imagen en una misma obra, puede verse en el trabajo Pisos de Labial del artista Franco Mehlhose como se reproducen los diseños de las baldosas de su pueblo en una gran mosaico, usando el lápiz labial como tinta gráfica a través de la técnica de la serigrafía; queriendo reflexionar como el espacio público está atravesado por las diferentes problemáticas de los discursos sociales. El arte digital, el photoshop, sirvieron también para reforzar los reflexiones por medio de la apropiación de imágenes tomadas de la web, muchas de las obras hoy apelan a este recurso como método para la experimentación de discursos, como puede verse la obra de Lautaro Sotelo #Ltt—Sott-. retomando los conceptos de identidad.

Para destacar dentro del discurso contemporáneo y desarrollar sus ideas los artistas usan las redes sociales (hace tiempo ya), es oportuno mencionar la obra de Daniela Soledad Mastrandrea Derivas de un lápiz azul encontrado. Capítulos, consiste en una serie de publicaciones en Instagram que el artista realizó en una cuenta creada para ello; la obra consiste en imágenes registradas, a través de trabajos realizados con un lápiz color azul, en un cuaderno armado con hojas que provienen de sobrantes de otras obras, en definitiva una metáfora de la procesos creativos de la producción y maneras de visibilización de los artistas, como si de un diario se tratase, acrecentada todavía más en tiempos de pandemia.

Capítulo aparte merecen los videos instalaciones: la obra de Estanislao Ventura Florido, además de destacar con el primer premio del salón, juega y deconstruye las obras del pintor argentino Eduardo Aizenbreg dejando en evidencia los elementos mínimos de la pintura: el color, la línea y la forma.

Alcon Quintanilha, Rodrigo Torontoides Video La Plata – Bs As.

La video performance de Rodrigo Alcón Quintanilla Ni el Sol, ni la muerte se miran de frente sobresale en este sentido, es una metáfora sobre las pantallas, las comunicaciones y el encierro que padecimos muchos durante la cuarentena, obra que utiliza una cámara de seguridad, mirando el cielo, dentro de una máscara de soldar programada para activarse con las variaciones de la luz del día, conectada y transmitiendo en streaming a través del sitio: https://www.mascamara.com

Asimismo es para destacar horror vacui de Gabriela Abram (ganadora del segundo premio) que a través de una obra efímera, construida con ciento ochenta piezas de papel, adheridos a la pared y el piso con cinta de enmascarar, juega con el claroscuro a través de la iluminación de algunos sectores de esta pieza. Podemos destacar, también, la obra de dos artistas tucumanos: Verónica Carolina Galván con Glitch-y y Adrián E. Sosa con Ensayos de nubes.

Sería muy extenso hacer un resumen pormenorizados de las producciones y sus distintas propuestas que están atravesadas por una fuerte impronta de lo personal, la reflexión, lo social, las problemáticas de género, la construcción y la búsqueda de identidad central en los procesos humanos, sobre todo en su vinculación con el entorno y la tecnología.

Para terminar dejaremos un dato más: en esta edición se presentaron ciento ochenta y ocho artistas tucumanos, aunque numerosos este año una pregunta se asoma con esta cifra: ¿no es llamativo que la mayoría de los artistas que participaron de la misma (cuatrocientos noventa y cuatro para ser exactos) sean en su mayoría del resto del país y no de Tucumán? En este sentido, dado que el salón se realizó en nuestra provincia y con la enorme cantidad de productores de arte que tenemos por estos lares ¿no es llamativo que no sean la mayoría? Una arista más para pensar por donde pasan los espacios de visibilidad y producción de las artes visuales en la provincia.

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