“Seis Letras” – Como decía mi papá: “corazón herido sirve para otra batalla”

Vamos a empezar por el final.

Hacia el final del documental las nubes se despejan, la escala de grises da paso a algunos colores más vívidos y la cámara hace zoom sobre la sonrisa de Gabriela Bosso. La protagonista está a salvo, se entrega con palpable goce al cariño de un grupo de gente que la aplaude y le canta, que la felicita y que festeja con ella un desafío que acaba de completar.

Es un final apacible, un avión que aterriza suave, y podemos empezar por él sin temor a arruinarle la película a nadie porque en Seis letras, como en casi todo, lo que importa es el proceso. Un camino que empieza el día en que a Bosso le diagnostican cáncer, y entre varias decisiones vitales que ella toma está la de registrarlo todo, desde las sesiones de quimioterapia hasta las conversaciones con sus amigos, pasando por sus momentos introspectivos. 

El resultado es poco más de una hora de la mano de Gabriela, de su manera simple y despojada de desnudarse para la cámara. De desnudar el cuerpo, al que a veces describe como su peor enemigo, y sobre todo de desnudar el alma, cuyas conclusiones terminan siendo a la vez el alma del documental.

«La médica me recomendó cortarme el pelo cortito, cortito, como soldado. Me dijo: imaginate que vas a la guerra y que mañana empieza la batalla»

Lo que queda claro en Seis letras es que para una persona con cáncer las batallas son varias. Hay una, por ejemplo, en los momentos iniciales tras el diagnóstico. Bosso menciona como pilares a su mamá y a su hermana, pero también dice: “… y ahora no sé cómo decirles que tengo cáncer. Durante los primeros días sólo lo sabrá su gato, Simón. Y la cámara, siempre la cámara: “sólo atrás de ella me siento segura”. 

Pero a lo largo del proceso, la cineasta puede hacerse cargo de la filmación sólo algunas veces. En otras, forzada por las circunstancias, ha de delegar el control de planos y enfoques a sobrinos y amigos que la graban recién salida de una cirugía, en pleno tratamiento de rehabilitación o en una caminata reflexiva. Y habrá momentos también en que el padre de Gabriela sostendrá la cámara (fallecido hace varios años) en la forma de filmaciones de la infancia, que ella conserva y cuela con los registros recientes.

Esa combinación profundiza la percepción de la primera persona: Bosso no intenta la película definitiva sobre el cáncer; lo que quiere es contar su historia. Aunque algunos reparos la asalten en ese camino:

“yo soy muy tímida, nunca me hubiera imaginado aparecer en cámara-comenta en algún momento de la película-. Pero para  el cáncer no se pueden poner dobles ni personajes de ficción”

Es la historia de Gabriela, sí, pero salpicada de reflexiones que terminan por interpelarnos a todos. Como aquella ocasión en que, recién salida de un consultorio, cuenta que los médicos han equiparado sus estudios a una sentencia de muerte. “¿Estoy conforme con lo que he hecho hasta ahora? Es la pregunta más difícil. Más que de morirme, tengo miedo de no haber vivido”.

Para Bosso ha sido el cáncer. ¿A qué abismo tendrá que asomarse cada uno para decidir vivir?

“Pienso que sería más fácil saltar por el balcón. Pero cuando veo el cielo o los ojos de mi mamá…”.

Bosso es sincera, a veces despiadada como la enfermedad que transita. Con la misma honestidad con la que se muestra débil y vulnerable (“se derrite todo menos las angustias”, dice en un momento), también abre paréntesis luminosos. 

Y a veces esas dos posturas se entremezclan. Dice Gabriela que probablemente lo más doloroso del cáncer sea soportar la incomodidad ajena:

“en la mirada del otro te das cuenta de que no estás normal”. Pero contrapone su propia mirada compasiva: “cuando veo mi cuerpo semi destruido, me digo que eso no es efecto de la enfermedad sino de la cura”

Esa naturalidad para superponer luces y sombras, la felicidad más honda y el miedo más primigenio, hace de Seis letras un documental que excede la temática de la que habla. Allí donde su autora ha puesto el cáncer, cada uno ubicará su realidad más dolorosa o temida.

“No tengo entrenamiento, solo tengo voluntad”, dice Bosso hacia el final del filme. Es una frase que en la literalidad se refiere a andar en bicicleta, aunque afortunadamente puede entenderse para cualquier obstáculo en nuestro camino.

Cáncer, las seis letras que pueden cambiar tu vida de la noche a la mañana, propone la obra desde su título. Fuerza, las otras seis letras con las que se contesta a sí mismo.

Y para Gabriela, una palabra de siete: gracias.


Documental Seis Letras de Gabriela Bosso liberado hasta 31/10/2020

Octubre mes de sensibilización sobre el cáncer de mama


Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *