«Escribo porque me interesan las personas». Entrevista a Rafael Urretabizkaya.

Uno se encuentra consigo mismo en una de las tantas bibliotecas con que cuenta la ciudad de Neuquén, y de repente se topa con una antología de cuentos escritos en Patagonia, o con la edición de alguno de los premios literarios de la Fundación Banco Provincia de Neuquén, durante la década de los años ’90. Allí, aparece un apellido largo, que pareciera que hay que deletrear para poder asimilar. Urretabizkaya a veces; Urretabizcaya, otras. Rafael, escritor de San Martín de los Andes, publicó en abundancia: poesía, novela, teatro… En este momento, mientras viaja por diversos lugares del mundo, se tomó un tiempo para jugar con nosotros.

Pablo Iglesias: En Circo (2020), tu última publicación, escenario plagado de criaturas arquetípicas, leo reminiscencias de «Un artista del trapecio», del gran Kafka.

Rafael Urretabizkaya: El riesgo de los trapecistas es tentarse de mirar para abajo. Todos jugamos un día a correr por el cordón de la vereda. La fantasía es hacer de cuenta que en lugar de estar a 10 centímetros del suelo estamos a 15 metros, sin red. Por ahí esa invención del riesgo y la soledad se parecen a la de los personajes de Kafka. Pero es pura casualidad. El poema dice que abajo del trapecio “ahí está la gran cosa”, pero no creo que la trapecista esté de acuerdo con semejante afirmación.

PI: «El equilibrio -querido y tal vez / respetable público, /arriba de los zancos es asunto valioso / pero a nivel del suelo, / ahí está la gran cosa», decís en Circo. Hablemos un poco de esto.

RU:“La gran cosa” parece que no es salir campeón. La vida no es tan larga y por eso “la gran cosa” también es caerse. La fragilidad es vista a veces como debilidad y esa única chance de ser fuerte. Del mismo modo es el silencio lo que hace posible la palabra. En el Circo “Grand Majestic” todos los caminos que se toman son hacia adelante. Me enteré el otro día que el sol se mueve y muy rápido. Nunca pasamos dos veces por el mismo sitio. Los temas para escribir son el amor, la vida y la muerte; incluso los tres juntos.

PI: Me acordé ahora de una cita del escritor checo, de algún cuento, seguramente. Dice: «Cuando uno mezcla su voz con otras, queda prisionero de un anzuelo». ¿Has mezclado tu voz con otras?

RU: Escribo porque me interesan las personas. Hay una voz interior diciendo sus cosas pero sobre todo están las voces del mundo. Somos mezcla. Lo uniforme juega al solitario y pierde todas las manos. Lo contrario de diverso no es uniforme, es miedo.

PI: Sos un escritor al que llegué siendo usuario de bibliotecas públicas o también siendo lector de textos tuyos editados por organismos que llevan o llevaron adelante políticas públicas sobre la lectura (Ministerio de las Culturas, Ministerio de Educación, Legislatura de Neuquén). ¿Podrías hacer una lectura, como escritor pero también como docente, de la importancia de la biblioteca pública y de las políticas públicas sobre la lectura?

RU: Las políticas públicas (política=salir juntos de un problema) son fundamentales porque la desigualdad de los puntos de partida de las infancias en los países pobres, es escandalosa. Nosotros tuvimos épocas con y sin libros en las escuelas. Directamente es algo que hace la diferencia o puede hacerla en la vida de un pibe. El estado puede hacer mucho por saldar esa diferencia, debe hacerlo. Y quienes median entre esos libros y los pibes primero leerlos y conocerlos, y luego entregarlos a manos llenas. Con confianza. Como si plantaran un árbol afuera de su patio. Como si entregaran manzanas o mandarinas criollas.

PI: Por ejemplo, tus libros Informes sobre aves o Vendrá un centro, fueron editados por el Ministerio de las Culturas y el Ministerio de Educación de Neuquén, el primero y por la Legislatura de Neuquén el segundo. ¿En qué creés que esas políticas públicas que los tomaron como objeto, afectaron, en algún sentido, su existencia?

RU: Los libros afectan su existencia con cada lector. Muchos lectores, muchas ideas, muchos sentidos. No es un toma y saca que permite respuestas unívocas. En las escuelas, la literatura y la poesía en particular corretean el tufo de la “pedagogía de la respuesta correcta”, la construcción de ese “oficio del alumno”. Puede que tome la palabra el pibe que se sienta al fondo contra la ventana, y brille. Maestras, maestros, profes, bibliotecarios hacen mucho para que ocurra lo mejor. Informe sobre aves, La ruina y Vendrá un centro están incluidos en estos programas; también poemas y cuentos en antologías y otros formatos. Es una gran suerte. Me doy cuenta todos los días.

PI: Los grillos (2019) es un preguntario, explorás y explotás la pregunta y la interrogación. «¿Quién es la maestra jardinera de estos grillos?», preguntás vos y te pregunto yo ahora.

RU: Escribo para hacer preguntas. 


PI: ¿En qué aspectos podrías diferenciar la lectura de Circo en Ediciones La Musaranga o la lectura del mismo título en Editorial Silvestre?

RU: La diferencia principal son las ilustraciones. Uno tiene los grabados de Pedro Hasperué, de la Compañía Nacional de Autómatas “La Musaranga”, y Circo, de “Editorial Silvestre” tiene las ilustraciones de Lali Ruggeri. Son muy diferentes. Son muy hermosas ambas y dicen distintas cosas. Los lectores dirán.

PI: Me ha ocurrido con tu apellido y con el de otra poeta de nuestra región literaria. Sus apellidos aparecen escritos de diferente modo en diversos índices de antologías, en los catálogos de las bibliotecas. ¿Te imaginás el escándalo de leer en algún índice Cortásar o Estorni.. por poner dos ejemplos…?

RU: Es difícil mi apellido, pero no para mí. Estaría bueno que se escriba bien. Mi viejo cuando lo veía mal escrito en un libro me decía, “que interesante… ¿quién es?”. También decía que no era cabeza dura, lo que pasaba es que tenía razón.  

PI: Así como pensás el circo en términos lúdicos y poéticos, estaría bueno que imagines también, lúdicamente, la biblioteca.

RU: Un tren. Miras por la ventana y lees el mundo y tu mundo. Si frena en México compras tamales o cosas picantes de nombre raro. Si frena en la esquina, saludás a la chica que te gustaba de pibe y no te animaste a decirle. Pero ahora le decís. Y así.


Soy Rafael Urretabizkaya y nací. Eso pasó en Dolores y justo el día de mi cumpleaños, un 8 de octubre de 1963. Vivo en San Martín de los Andes desde 1983, pero he andado por diferentes comunidades rurales. Ahí aprendí a andar caballo en pelo y a hipnotizar gallinas; también olvidé varias cosas, pero ya no recuerdo cuáles eran.

Publiqué libros de cuentos, novela, poesía, ensayo, obras para títeres, canciones junto a diversos artistas.

Justo ayer aprendí que todo se compone de azar y necesidad. Sabía de antes lo que dice Walsh que «escribir es escuchar».

Entonces escribo.


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